La nana se detuvo en el instante en que Rena tocó la puerta. Como si supiera que venía.
Se quedó de pie con los dedos apoyados en la vieja madera, con el corazón latiéndole tan rápido que lo sentía en la garganta. El pasillo estaba vacío tras ella. El cubo estaba en el suelo, donde lo había dejado caer sin pensarlo. Todo en su cuerpo le decía que abriera la puerta, pero lo que había aprendido sobre la supervivencia le decía que no lo hiciera.
La abrió.
El trastero estaba oscuro, el mismo polvo,