La manada se reunía cada mediodía. Los lobos llenaban el patio principal, comiendo, charlando, moviéndose entre grupos como todos los días. Los niños corrían, los guardias vigilaban los bordes. El aroma de la comida y las diversas conversaciones se mezclaban.
Rena estaba cerca del fondo con su cubo de agua, de paso, de regreso a la cocina. No participaba en la reunión. Los omegas no se reunían. Se movían a su alrededor como el agua alrededor de la piedra, invisibles y esperando permanecer así.