Mundo ficciónIniciar sesiónA veces, el mayor acto de amor es destruir tu propia vida para salvar el alma de otro.
La habitación de Kael olía a cuero y cedro, a los años que había pasado construyendo una vida que ahora empacaba en dos maletas modestas. Veinticuatro horas después del duelo, sus manos se movían con precisión mecánica, doblando camisas, enrollando mapas, guardando armas que probablemente nunca usaría. El exilio no era una aventura. Era u







