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Darle tiempo a un dios es como dar cuerda a reloj: nunca sabes cuándo explotará.

Seraphine había establecido las reglas con claridad quirúrgica la primera noche después del acuerdo. Seis horas—de las seis de la tarde a medianoche—durante las cuales Khaos tendría control completo de su cuerpo. El resto del tiempo, él permanecería latente, observando pero sin interferir.

Es suficiente, había insistido ella,

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