El aullido continuaba resonando cada vez más cerca, de manera grave y prolongado, dando la impresión de que el propio bosque temblara ante su eco. Aria transformada corría sin volver la vista atrás. Al pasar, las ramas le agredían el pelaje blanco y el suelo húmedo se hundía bajo sus patas.
—¡Acelera! —gritó Nerya. Se encuentra más cerca.
Aria apenas tenía la capacidad de respirar. Sentía que su pecho se iba a romper su corazón latía con tanta fuerza. Detrás de ellos, el bosque tronaba. Al