Aria apenas podía respirar; cada paso era una batalla contra el temor que la devoraba. Nerya lo acompañaba, procurando conservar la serenidad mientras Raiden los guiaba a través del bosque sin fin.
Las sombras parecían murmurar el nombre de Eidan, lo que le provocaba un nudo en el pecho. No quería admitirlo, pero la angustia la asfixiaba: ¿y si el Alfa Sombrío lo había asesinado?
Aria oyó pasos entre la maleza cuando ya era alta la posición del sol. Se tensó enseguida, lista para protegerse, pe