C98: ESTOY POR VOLVERME LOCO.
En ese punto, Asherad comprendió que ya no podía seguir reprimiéndose. El deseo acumulado lo empujó a buscar alivio por sí mismo. Se deshizo del pantalón, tomó su miembro excitado y dejó que sus propias manos hicieran lo que su mente no lograba callar.
No era algo habitual en él; rara vez se concedía ese tipo de concesiones. Casi siempre estaba exhausto o absorbido por sus obligaciones, y cuando no lo estaba, prefería la compañía de lobas concretas, elegidas con cuidado. Nunca había sido afecto a burdeles ni a encuentros vacíos; antes de casarse, sus relaciones habían sido ocasionales, discretas, con lobas de buena posición. Ahora, unido a África, esa opción ni siquiera cruzaba su mente. Ella no despertaba nada en él, y sabía que si cruzaba la puerta de su alcoba, cualquier atisbo de deseo se extinguiría al instante.
Así que permaneció allí, solo, masturbándose con la imagen vívida de Sigrid en su cabeza, dejándose llevar hasta alcanzar el clímax que lo dejó sin aliento. Creyó que con