C97: NO TIENES QUE IRTE.
Ambos se quedaron completamente inmóviles, como si el mundo se hubiese detenido de golpe. La cercanía, el aliento compartido, el deseo aún palpitando entre los dos… todo se congeló cuando, desde el otro lado de la puerta, se escucharon nuevos golpes.
—¿Alfa? —dijo una voz masculina, clara—. ¿Se encuentra ahí? Soy Cedric.
Tras pronunciar su nombre, el Beta dudó un instante. Como siempre, había tocado antes de entrar; sabía bien que a Asherad no le agradaba que nadie invadiera su estudio sin previo aviso. Si el Alfa no respondía, entonces aguardaría o entraría solo para esperarlo, como marcaba la costumbre.
En cuanto Sigrid reconoció la voz de Cedric, el pulso se le disparó con violencia.
—Por los dioses… —murmuró, alarmada.
Sin pensarlo, hizo a un lado a Asherad para apartarlo y se alejó de él. Bajó del escritorio y se acomodó la ropa alisando el tejido, ajustando cada pliegue con rapidez.
No podía permitir, bajo ningún concepto, que Cedric los encontrara así. Era demasiado arriesgado,