C83: DEBERÍAS ESTAR MUERTA.
En ese momento, África no reconocía a Sigrid como tal. Para ella, no era una mujer que hubiera regresado de la muerte, ni alguien del pasado que creyó haber eliminado. En su mente, Sigrid no era más que esa misma loba, la misma mujer a la que había sorprendido junto a Asherad en el estudio. La identificaba únicamente por el velo que cubría su rostro.
La rabia la consumía. Parecía echar humo. El rostro se le había encendido de un rojo intenso, los ojos brillaban con una ira desbordada y cada respiración era pesada.
—No te lo voy a permitir —dijo África, temblando de rabia—. ¡Jamás permitiré que intentes quitarme mi lugar!
La miró de arriba abajo con desprecio, como si la redujera a nada con solo observarla.
—¡¿De verdad crees que puedes hacerlo?! ¡¿Crees que una simple criada como tú puede reemplazarme?! —continuó, alzando la voz—. ¡No tienes nada, no eres nadie para estar al lado del Alfa!
El agarre se hizo más doloroso, más cruel, a medida que África dejaba salir todo lo que llevaba