Permanecieron allí unos instantes más, detenidos en medio del pasillo, como si el mundo hubiera quedado en pausa. Ambos necesitaban recuperar el aliento, volver a sentir el suelo bajo los pies, asimilar lo que acababa de ocurrir. Sobre todo Asherad, que había cedido por completo a sus impulsos, dejándose arrastrar sin freno alguno. Poco a poco comenzó a separarse de ella, con movimientos lentos, sin saber muy bien cómo mirar a la joven loba que tenía enfrente.
Sigrid seguía jadeando, con el pec