C75: TIENES MI PERMISO.
La criada negó de inmediato, sacudiendo la cabeza con evidente nerviosismo.
—No, no, no —respondió apresurada—. No puedo hacer eso. Si la señora Luna se entera de que entregué a su cachorro para que alguien más lo sostenga, me arrancará la cabeza. Y con lo irritable que está hoy… prefiero no imaginarlo siquiera.
—No te preocupes —le aseguró Sigrid—. Será solo un momento, te lo prometo. Déjame intentar calmarlo, aunque sea un poco. Luego te lo devolveré.
La criada dudó. Dudó mucho. Sus brazos comenzaban a cansarse, y el llanto del cachorro no disminuía en absoluto. Miró a Sigrid, luego al bebé, y finalmente, vencida por la situación y por la angustia del pequeño, cedió.
—Está bien —dijo al fin—. Pero solo un momento.
Le entregó al cachorro con extremo cuidado. Sigrid lo recibió, acomodándolo contra su pecho. Comenzó a mecerlo con suavidad, balanceándose despacio mientras le hablaba en voz baja, con palabras dulces y un tono de ternura. El cachorro, poco a poco, fue reduciendo el llanto