Mundo ficciónIniciar sesiónEn medio de aquel beso de fuego, la lengua de Asherad recorrió con lentitud los labios de Sigrid. En su boca había un dulzor embriagador, un sabor único que volvía inútil cualquier intento de resistencia por parte del Alfa. Quedarse anclado a esos labios era una tentación irresistible, pero él sabía que no debía detenerse ahí. Había un territorio infinito por descubrir en ella, una promesa de placer y deseo que reclamaba ser explorada sin reservas.
Asherad jamás se había detenido a descubrir el cuerpo de África. Nunca le había importado. Sin embargo, aquella vez fue distinto: en cuanto el aroma de su mate se filtró en sus sentidos, su lobo perdió toda cordura.
Sus labios comenzaron a descender lentamente por el cuello de la loba, marcando la piel con besos ardientes, demorándose en las clavículas como si reclamara cada centímetro. El deseo lo empujaba, lo dominaba.
Con la otra gemela jamás existió ese ritual. No hacía falta despojarla de todo, ni explorarla. Bastaba alzar el camisón, separar sus piernas y penetrarla sin más y rápido, hasta terminar de una vez. Aquello no era pasión: era un acto obligado.
Sin embargo, en el momento actual no vaciló en librar a Sigrid de la ropa que le estorbaba. La impaciencia le ganó, por lo que con un acto brusco rasgó la prenda por la mitad, como si nada pudiera interponerse entre él y ella. Sigrid dejó escapar un gemido ahogado de sorpresa y estremecimiento, pero guardó silencio, aceptando el impacto de aquel arrebato sin apartarse.
Asherad se acomodó entre sus senos, dejando besos lentos y marcados a lo largo de la línea que separaba sus pechos. Sus manos los tomaron con firmeza, presionando la piel con hambre, arrancándole a Sigrid jadeos cada vez más intensos. La lengua inquieta del Alfa no tardó en insistir, deslizándose hasta el pezón derecho, donde se entregó a lamerlo y succionarlo con dedicación, sin intención alguna de detenerse.
Se desplazó del lado derecho al izquierdo, embriagándose con el sabor dulce de sus pezones. Su lengua recorrió la piel con insistencia, alternando caricias húmedas con mordiscos suaves que rodeaban y atrapaban el pezón ya endurecido por el deseo.
De pronto, la respiración de Sigrid se volvió irregular, su cuerpo se arqueó en un espasmo incontrolable y un estremecimiento la sacudió por completo, dejándole las piernas temblorosas. Había alcanzado el clímax.
Sigrid se llevó las manos a la boca. No podía creer ni entender lo que acababa de sentir. Fue una sensación explosiva, pero muy placentera, lo cual la dejó con el corazón acelerado.
Asherad se quedó sorprendido. Tenía vasta experiencia con lobas, pero aquellas eran experimentadas. En cambio Sigrid —que en su mente era África— parecía no tener ese tipo de experiencia, por lo que tendía a tener el cuerpo y la piel mucho más sensible. Claro, pensó el Alfa, que África había sido reservada para él, y que era lógico que no tuviera práctica.
De repente, en medio de esa oscuridad, las comisuras de los labios de Asherad se extendieron.
—¿Tuviste un orgasmo? —preguntó con voz seductora—. Cuánto atrevimiento, si apenas estamos entrando en calor...
El Alfa descendió, dejando todavía más besos y mordidas en el vientre de Sigrid. Ella estaba empezando a sudar, y su corazón no reducía sus latidos. No podía cerrar la boca y respirar con normalidad, sino que inhalaba y exhalaba a través de ella.
Finalmente Asherad llegó a la zona interna de sus muslos. Sabía que su intimidad estaría sensible por el reciente clímax, así que se dedicó a besar los alrededores por largos minutos. Lamía, succionaba, mordía con ligereza el interior de los muslos, en lo que Sigrid no dejaba de arquearse. La sensación era demasiado placentera, pero no sabía que el mayor placer lo sentiría después, cuando Asherad dedujo que ya había pasado tiempo suficiente y que la loba estaba lista para recibir su lengua en su sexo.
El Alfa empezó a besar la zona íntima de la hembra con movimientos delicados y precisos, a lo que Sigrid no pudo evitar soltar varios gemidos guturales. No dejaba de arquearse, de moverse, de jadear desesperadamente al no saber qué hacer con tanto placer. No estaba para nada asustada, al contrario, abría más las piernas para sentir el tacto de los labios de Asherad, los cuales estaban empeñados en complacerla.
Tras usar sus labios, el Alfa pasó a usar su lengua. La lengua que subía y bajaba, y la cual no se enfocaba solo en el centro sino también en los alrededores. El líquido vizcoso no dejaba de derramarse, el cual era un elixir para Asherad. Tenía un sabor tan dulce que le aumentaba la sed y quería beber más y más de ella. Era el efecto de mate, ese sabor y el olor que provenía de ella y que solo lo hechizaba más y más, al que no podía resistirse y quería lamer, succionar, absorberlo por completo.
Su lengua pasó de movimientos lentos a más rápidos, seguían siendo delicados pero ágiles, Asherad no se cansaba estaba fascinado, le había entrado un calor febril, su temperatura no dejaba de aumentar y solo quería devorarla. Quería dejar impregnada toda su aroma y saliva en la intimidad de su compañera, que se fusionara con la de ella.
Tras ciertos movimientos de su lengua que no dejaba de rozar el punto más sensible de Sigrid, ella soltó un gemido inevitable y el clímax se hizo presente de nuevo. Sus piernas se cerraron presionando la cabeza de Asherad, dejando salir todo el jugo de placer en la boca de su Alfa. Sus piernas quedaron temblorosas, su vientre estaba tensionada y su clíptoris no dejaba de palpitar tanto como su corazón.
Sigrid no podía pensar, su mente estaba en blanco, pero totalmente concentrada en todos sus sentidos, en cada lugar en donde Asherad depositaba sus besos y jugaba con su lengua. El Alfa se irguió y se quitó los pantalones de seda que le cubría la parte inferior, liberando su miembro completamente duro y con las venas saltadas. Parecía estar a punto de estallar a tal punto que dolía, dolía aquel deseo explosivo que se había apoderado de él y que quería adueñarse de su mate.
Asherad se inclinó hacia ella de nuevo y llevó un par de dedos hacia la zona íntima de Sigrid. Ella dio un respingo, pues no esperaba ese contacto. El Alfa empezó a sentirla, la loba estaba totalmente empapada, húmeda, con el jugo de su sexo disperso por toda su intimidad, por lo que no fue difícil que los dedos masculinos de Asherad ingresaran hacia adentro, deslizándose casi con facilidad.
Sigrid se encorvó de nuevo, esta era una nueva sensación. No dejaba de sentir cosas nuevas, pero en ningún momento deseó que terminara, al contrario. Asherad movió sus dedos con destreza, aunque aquello no se prolongó demasiado. El Alfa ya estaba ansiando entrar en ella, en tomarla de una vez. Por tanto, la sostuvo de ambas piernas y la estiró hacia él para colocarla en su centro. Colocó su duro y grueso miembro sobre su intimidad y empezó a rozar su clíptoris.
La loba percibió el contacto y se deleitó con este movimiento, de pronto Asherad se acomodó y empujó su pen*e dentro de ella. Al pensar que era África, la penetró con la naturalidad de quien ya tiene experiencia, sin saber que era Sigrid quien estaba delante y que era su primera vez. No tuvo mucho cuidado, pero aunque la loba sintió cierto dolor, estaba demasiado húmeda para centrarse solo en ello.
Ella soltó un quejido, y Asherad percibió que pese a que se introdujo con cierta fuerza, el interior de la loba estaba más apretado. Sintió la diferencia, pero creyó que era la hembra quien estaba apretándolo adrede, que lo presionaba desde dentro para sentir más placer. Esto hizo sonreír a Asherad y se acostó ligeramente sobre ella, sin carga todo su peso.
—No sabía que podías ser tan insaciable —susurró cerca de su oído, lo que excitó todavía más a Sigrid. El dolor duró unos minutos, sus caderas se tensionaron, pero se mezclaba con el placer.
La satisfacción era mayor, por lo que su mente estaba enfocada en el deseo y en la sensación placentera más que en cualquier incomodidad. No necesitó empujarlo, no necesitó detenerlo, su miembro era duro y grueso pero lo soportó bastante bien y para colmo ansiaba más, mucho más. No quería que se detuviera.
Sus manos se aferraron a su espalda, sus uñas se deslizaron por su piel al no saber qué hacer con tanto deleite. Sintió el abdomen del Alfa duramente marcado sobre ella, moviéndose de arriba a abajo mientras la penetraba. Asherad soltaba gemidos guturales, no podía cerrar la boca, la sensación era demasiado agradable y jadeaba sin poder evitarlo.
Mientras la embestía sus manos no descansaban. Acariciaban y estrujaban varias partes de su cuerpo, se aferraban a sus nalgas, a sus pechos, a sus caderas. Estaba cautivado por ese cuerpo al que no había prestado tanta atención antes, pero ahora estaba construyendo un mapa de cada lugar que exploraba.
De repente, salió de ella por un instante solo para hacerla voltear boca abajo y levantar sus caderas. Se asomó a su intimidad y bebió del jugo de la loba, usando su lengua y deleitándose con su esencia. Tras unos segundos se irguió para volver a penetrarla. Sus manos se posaron en sus nalgas mientras entraba y salía, aunque también se asomaba a su espalda para dejar besos y mordiscos. Estaba demasiado excitado, como nunca antes, no sabía que encontrar a su mate significara eso, que la sensación de placer sería mayormente más alta que estar con una loba cualquiera.
Volvió a cambiar de postura, dándole nuevamente la vuelta hacia él. Quería succionar sus pechos otra vez, no quería que sus manos y su boca descansaran. Su miembro hacía el trabajo abajo, pero su lengua buscaba sentir el sabor agradable de sus pezones, cualquier momento de quietud era un total desperdicio.
Asherad no podía más. El olor, el sabor, la textura tan deliciosa de su cuerpo estaba volviéndolo loco. Lanzaba gruñidos, aumentaba los movimientos, la embestía con más fuerza, hasta que naturalmente terminó estallando dentro de ella. Unos minutos después, se dejó caer sobre Sigrid mientras que sus corazones palpitaban al unísono.
El orgasmo que el Alfa sintió no se comparaba con ninguno que había tenido antes. Se había llenado de un éxtasis, incluso creyó que podría volverse adictivo. Estaba embelesado, embrujado por el aroma que emanaba de Sigrid.
Se quedó sobre ella unos minutos, hasta que la loba intentó moverse. No habló, pero era una señal de que esperaba que Asherad se levantara y la dejara irse, pues África no se quedaba a dormir con él, por lo que asumió que era momento de que Sigrid volviera a su cuarto. A decir verdad, no quería irse, pero en una situación como esa no había opción.
Sin embargo, la voz de Asherad rompió el silencio.
—No he terminado contigo —declaró—. La noche apenas comenzó...







