C276: LE DEBO LA VIDA.
Tanto el guardia como Nayla se sobresaltaron al escuchar aquella insinuación tan directa. El guardia, por su parte, dio un paso al frente con evidente nerviosismo.
—Alfa… yo soy quien…
—Te agradezco que hayas supervisado a mi esposa tal como te lo pedí —Gael habló por encima de él.
El guardia se quedó completamente quieto. Aquella interrupción no había sido casual. Gael le estaba enviando un mensaje claro: debía permanecer en silencio, sin importar lo que ocurriera.
—¡Padre! —intervino Nayla—.