C226: SIN TOCARME.
Al día siguiente, antes incluso de que los pájaros comenzaran a cantar, Gael ya estaba en el jardín.
Desde la ventana de su habitación, Damián lo observaba, mirando la figura erguida que esperaba abajo. Gael estaba listo, atento, ansioso por comenzar.
Y Damián… no sentía nada.
Lo notó con claridad. Ningún estremecimiento, ninguna calidez en el pecho, ninguna inquietud por descender corriendo. El sello cumplía su función. Lo mantenía estable, protegido, distante.
Un suspiro leve escapó de sus la