C227: NO SEA COBARDE.
Damián lo miró desde el suelo, todavía con el ceño fruncido.
—¿Qué? —replicó con brusquedad—. No entiendo de qué estás hablando.
—Cuando nos conocimos, se las daba de muy bueno y noble —expuso Gael—. Me pidió que lo entrenara, y acepté. Nunca tuvo inconveniente en que me acercara para corregirle un movimiento. Si debía tomarle la muñeca, ajustar su hombro o colocarlo en la postura correcta, lo hacía, y jamás vi en usted molestia alguna.
Damián guardó silencio, escuchándolo.
—También me habló de