Cuando por fin quedaron a solas, el Alfa se puso de pie. Se acomodó la ropa y rodeó el escritorio con pasos lentos, avanzando hasta detenerse frente a África.
—¿Estás segura de que estás embarazada? —preguntó.
—Así es, alfa. Estoy completamente segura —aseveró África.
Asherad frunció levemente el ceño y cruzó los brazos.
—¿Ya te ha revisado el médico?
—No ha sido necesario por ahora —respondió ella—. Conozco muy bien los síntomas. No es la primera vez. De todos modos, el médico vendrá a verme cuando corresponda, para asegurarse de que todo esté en orden.
El Alfa se quedó mirándola fijamente, con una intensidad que parecía atravesarla. Sus ojos eran duros, inquisitivos, como si intentaran leer más allá de sus palabras, más allá de su expresión cuidadosamente controlada.
África empezó a sentirse incómoda bajo esa mirada prolongada, por lo que un leve nerviosismo le recorrió el cuerpo.
—¿Sucede algo, Alfa? —se atrevió a preguntar, en voz baja.
Asherad inhaló despacio antes de hablar de n