África lo miró con los ojos abiertos de par en par, sorprendida primero, profundamente ofendida después.
—Alfa… ¿es usted consciente de lo que me está preguntando? ¿De verdad cree que pude haberme acostado con otro?
—Tú misma insinuaste hace tiempo que buscarías un amante —replicó Asherad—. ¿Por qué no habría de considerarlo ahora?
África apretó los labios, herida por aquella acusación.
—Eso lo dije solo para molestarlo, para hacerlo enfadar —contestó—. Jamás sería capaz de algo así. Nunca lo engañaría, Alfa. He sido una loba leal a usted desde que nos casamos.
Él dejó escapar una breve exhalación.
—La lealtad suele ser frágil —respondió.
Entonces se incorporó por completo y comenzó a caminar por la habitación, despacio, como un depredador analizando su presa.
—Puedo imaginarlo con facilidad —continuó—. Como me negué a acostarme contigo y tú estabas desesperada por tener un segundo cachorro, decidiste buscar a otro lobo. Te acostaste con él las veces que fueron necesarias hasta quedar