C114: ME ROGARÁS QUE TE MATE.
A pesar de sus intentos por mostrarse fuerte, Sigrid no pudo contener las lágrimas. Su llanto brotó inevitablemente debido a la humillación, impotencia y la tristeza por los regalos del Alfa destruidos.
En ese momento, Asherad la cargó entre sus brazos con firmeza. Se detuvo en medio de la estancia, donde todos los presentes lo observaban: guardias, criadas y deltas, que no habían intervenido mientras ocurrían los hechos.
—Escúchenme bien. No toleraré faltas de respeto ni maltrato hacia mi amante. Si descubro que alguien le lanza una mirada de desprecio, difunde rumores o la humilla de cualquier forma, esto será su destino —dijo señalando a las lobas que había matado minutos antes—. Si no quieren terminar como ellas, o peor, acaten mis órdenes. Ahora, encárguense de limpiar este desastre.
África permanecía petrificada en el suelo, con la vista fija en el horror que la rodeaba: la sangre derramada se extendía como un río oscuro, y los cuerpos sin vida de las criadas yacían cerca de la