—No voy a pedir que lo arresten por tocar mi puerta.
Paula dejó de escribir.
La sala de la casa Salvatierra estaba llena de papeles, tazas frías y una tensión que ya conocía el camino hasta la cocina. Afuera, el sol apenas había empezado a tocar la banqueta. Dentro, nadie había dormido bien.
Silvain se había ido la noche anterior sin que Aryanna abriera.
Sin tocarla.
Sin verla completa.
Sin pedir nada.
Pero había roto la medida.
Aunque fuera para decir que se iba.
Aunque fuera para devolver una