—No voy a firmar eso si tú no firmas lo tuyo.
Emilia estaba sentada en la mesa de la cocina con el cabello corto todavía húmedo, su taza de gato naranja a un lado y una hoja blanca frente a Aryanna.
La casa Salvatierra olía a café decente por primera vez en días. Rafael había dejado una bolsa nueva la tarde anterior con una nota que decía: Para que Céline deje de insultar mi dignidad cafetera. Céline, por supuesto, lo había insultado igual, pero se tomó dos tazas.
Teresa planchaba una blusa de E