—No lo voy a ver en tu teléfono.
Aryanna dijo la frase sin apartar la mirada de Paula.
La casa Salvatierra estaba abierta por primera vez sin sentirse habitada. La sala olía a polvo viejo, café olvidado y regreso difícil. La luz de la mañana entraba por la ventana donde Teresa había puesto una cortina amarilla años atrás, cuando Emilia todavía se quejaba de que todo en esa casa parecía elegido por una señora optimista con presupuesto corto.
Ahora Emilia estaba de pie junto a Aryanna, con el cabe