—No voy a volver a verlo.
Aryanna lo dijo demasiado rápido.
Emilia no sonrió.
Teresa tampoco.
Matías bajó la mirada hacia el piso del patio, como si hubiera encontrado una grieta urgente entre las baldosas. Céline, en cambio, soltó una risa pequeñita, amarga, casi elegante.
—Nadie te preguntó si ibas a volver a verlo, querida. Tu hermana dijo “si un día”. Y tú corriste como si la frase trajera perros.
Aryanna la miró.
—No necesito que traduzcas.
Céline alzó ambas manos.
—Me divierte mucho hacerl