El regreso a la cabaña con la tribu de Naya fue como un suspiro después de la tormenta.
La calma nos envolvía con un abrazo cálido, un breve respiro después de tanto dolor, lucha y huidas.
Los días transcurrían entre risas, entrenamiento y reencuentros. Los pobladores nos recibieron con los brazos abiertos, como si nunca nos hubiéramos ido. Por un momento, quise creer que la sombra que nos perseguía se había disipado.
Comenzamos a reconstruir. A sanar he