El sol ya se había elevado por completo cuando nos despertamos en aquel claro sagrado, una especie de refugio donde la naturaleza parecía susurrarnos promesas antiguas.
Aldan yacía entre mis brazos, todavía débil, pero sus ojos reflejaban una luz distinta, una chispa que nunca antes había visto en él. Aquel niño que había estado tan cargado de dudas y sombras comenzaba a despertar.
Eirik me miró con una mezcla de agotamiento y determinación, la mandíbula apre