Nunca imaginé que la traición tuviera el rostro más familiar. Lo que más duele no es el puñal que te clavan, sino descubrir que ese puñal es empuñado por alguien a quien considerabas parte de tu familia, alguien que te ha sonreído, bebido a tu salud y compartido secretos a la luz de una chimenea. Pero las traiciones de sangre son las más peligrosas, porque rompen no solo la confianza, sino el alma.
La idea de poner a prueba a mis aliados rondaba mi mente como un veneno silencioso. Roberto me ha