El teléfono vibró una segunda vez dentro del pequeño bolso negro de Esmeralda.
Emilio.
Su nombre iluminó la pantalla en medio de las luces violetas del estacionamiento subterráneo.
El corazón le dio un vuelco inmediato.
Valeria lo notó al instante.
—¿Es él, verdad?
Esmeralda bloqueó la pantalla demasiado rápido.
Error.
Porque la sonrisa lenta de Valeria confirmó que había entendido perfectamente.
—Dios mío… sí estás completamente perdida por ese hombre.
—No estoy perdida por nadie.
Pero incluso