El balcón seguía envuelto en el aroma de jazmines y aire fresco cuando Valeria terminó de abrazarla por segunda vez, todavía incrédula de verla ahí, convertida en la mujer de la que toda Aurelia estaba hablando.
Pero para ella…
seguía siendo “Esme”.
La chica que se quedaba dormida sobre apuntes universitarios.
La que reía demasiado fuerte cuando estaba nerviosa.
La que lloraba viendo películas románticas aunque siempre lo negara.
Y esa familiaridad golpeó a Esmeralda directo al corazón.
Porque