Esmeralda no durmió igual.
No después de entender.
No después de decidir.
Porque lo que cambió no fue lo que sentía por Emilio.
Fue cómo se veía a sí misma dentro de todo.
Ya no era la que reaccionaba.
Era la que elegía.
Y eso…
la volvía peligrosa.
Cuando llegó, el ambiente seguía cargado. Pero esta vez no la afectó igual. No bajó la mirada. No evitó las conversaciones. Caminó como alguien que ya entendía que no estaba siendo observada por curiosidad… sino por impacto.
Eso cambió su postura.
Su