Esmeralda no regresó tranquila.
Regresó distinta.
No fue el impacto de lo que Ricardo dijo.
Fue la confirmación de lo que Emilio no había dicho.
Y eso…
pesaba más.
Cuando abrió la puerta, él ya estaba ahí otra vez. Como si supiera que no iba a evitarlo. Como si entendiera que esta vez no habría evasión.
—Fuiste —dijo Emilio sin rodeos.
No fue pregunta.
Esmeralda cerró la puerta detrás de ella con calma.
—Sí.
Silencio.
Corto.
Tenso.
—Te dije que no—
—No me dices todo —lo interrumpió.
Directo.
Si