La noche no suavizó nada.
La hizo más claro.
Más directo.
Más difícil de ignorar.
El lugar al que Ricardo la llevó no era improvisado. Era alto, privado, con una vista que dominaba la ciudad como si todo lo que ocurría abajo fuera parte de un tablero. Luces encendidas, movimiento constante… decisiones invisibles.
—Aquí es donde realmente se mueve todo —dijo Ricardo mientras ella observaba.
Esmeralda no respondió de inmediato.
No estaba impresionada.
Estaba conectando.
—No son edificios —murmuró