El segundo golpe no fue silencioso.
Fue visible.
Diseñado para serlo.
Porque hay ataques que buscan dañar… y otros que buscan exhibir.
Y este…
era claramente el segundo.
Esmeralda lo entendió en el momento en que cruzó la entrada principal.
No hubo necesidad de palabras.
El ambiente lo dijo todo.
Las conversaciones se detuvieron apenas la vieron.
Las miradas no se apartaron de inmediato.
Y lo más evidente:
Ya no eran discretas.
Eran abiertas.
Directas.
Sin intención de ocultarse.
Eso nunca es c