El equilibrio no se rompe cuando algo falla.
Se rompe cuando alguien decide empujarlo más allá de lo que puede sostener.
Y ese momento…
llegó.
No como un estallido.
Sino como una acumulación de tensiones que finalmente encontraron un punto de salida.
El espacio de trabajo ya no se sentía igual. No había cambiado físicamente, pero la energía era distinta. Más densa. Más cargada. Como si cada movimiento estuviera siendo observado, medido, interpretado.
Y lo estaba.
Ricardo se inclinó sobr