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El rugido del motor del Mercedes blindado rasgó el silencio de las tres de la mañana mientras el vehículo enfilaba hacia la zona portuaria de máxima seguridad. La neblina densa y helada del golfo lamía el parabrisas con violencia, reduciendo la visibilidad a apenas unos metros de asfalto grisáceo, pero el chofer avanzaba sin dudar, guiado por la precisión que da el conocimiento milimétrico de cada rincón, muelle y recoveco de la Provincia de Aurelia. En el asiento trasero, la atmósfera era u