El silencio dentro de la habitación fue más aterrador que los disparos.
Porque las balas podían matar.
Pero aquella verdad acababa de destruir todo lo que creían saber.
—¿Qué dijiste?
preguntó Emilio.
Catalina seguía llorando.
Las décadas de culpa parecían derrumbarse sobre ella al mismo tiempo.
—Esmeralda es la heredera legítima.
Nadie habló.
Ni siquiera Leónidas.
Y eso fue lo que más asustó a Gabriel.
Porque si Leónidas estaba sin palabras...
Entonces aquello era mucho peor de lo que imaginab