La explosión sacudió toda la casa.
Los cristales estallaron en miles de fragmentos.
Las paredes vibraron.
Y durante unos segundos el caos fue absoluto.
—¡Al suelo!
gritó Gabriel.
Instintivamente Emilio abrazó a Esmeralda.
Protegiéndola.
Cubriéndola con su propio cuerpo.
Tal como había hecho una y otra vez desde que comenzó aquella pesadilla.
Los guardias se desplegaron inmediatamente.
El sonido de disparos comenzó a escucharse desde el exterior.
Ráfagas cortas.
Precisas.
Profesionales.
Aquello