La gran mansión de la colina, que durante tres generaciones consecutivas había albergado las decisiones más frías del mercado, las traiciones familiares más oscuras y las pasiones más intensas de las dinastías locales, quedó sumida en una penumbra monumental. Los majestuosos candelabros de cristal de Bohemia, que alguna vez iluminaron banquetes para diplomáticos y banqueros del este, permanecían apagados, cubiertos por finas capas de polvo y el silencio definitivo del poder en retirada. Los mu