El mundo se detuvo.
Completamente.
Porque entre todas las posibilidades que Emilio había imaginado...
Esa jamás estuvo entre ellas.
Jamás.
Valeria Montemayor caminaba al lado de August Devereux.
Sin cadenas.
Sin heridas visibles.
Sin que nadie la obligara.
Como si perteneciera allí.
Como si siempre hubiera pertenecido allí.
—No...
susurró Esmeralda.
Emilio permaneció inmóvil.
Porque una parte de él se negaba a creer lo que estaba viendo.
La misma mujer que horas antes había llamado pidiendo ayu