La tormenta que la capital había estado pronosticando para el golfo no llegó desde el cielo, sino desde el corazón mismo de la zona portuaria. El muelle del sector cuatro, el nervio motor por donde durante décadas el Fideicomiso había desangrado la riqueza de la provincia, amaneció bloqueado no por militares ni por vallas de contención, sino por una muralla humana. Más de tres mil estibadores, obreros navales, caldereros y pescadores locales formaban un cordón compacto bajo la lluvia torrencia