El reloj del faro antiguo de la aduana vieja marcó las doce del mediodía cuando el acto definitivo se puso en marcha. Sobre la mesa de hierro del muelle cuatro, los pliegos de la disolución total del consorcio y la extinción de las firmas de Esmeralda Villarreal y Emilio Valeriano esperaban el trazo final. No quedaba espacio para las apelaciones; la Suprema Corte ya había blindado el Fondo de Desarrollo Provincial Autónomo y el piso 40 estaba vacío. Este era el segundo exacto donde la leyenda