El golpe no fue un error administrativo.
Fue un espectáculo.
Y Esmeralda lo entendió desde el primer instante en que cruzó la entrada de la universidad. No fue necesario que alguien se lo dijera directamente. El ambiente había cambiado de forma tan evidente que resultaba imposible ignorarlo. Ya no era solo curiosidad. Era juicio. Era señalamiento.
Las conversaciones no se detenían.
Se transformaban.
—Ahí va…
—La del expediente…
—¿Cómo llegó hasta aquí?
Cada palabra era lanzada con la intención