El silencio se volvió insoportable.
Nadie respiraba.
Nadie se movía.
Todos observaban el nombre que aparecía al final de aquella lista.
Y cuanto más lo miraban, más imposible parecía.
Esmeralda sintió que las piernas le temblaban.
—No... eso no puede ser verdad...
Arriaga estaba completamente pálido.
Incluso Emilio parecía incapaz de procesarlo.
Porque aquella persona había estado presente durante años.
Había asistido a reuniones familiares.
Había compartido mesas de negociación.
Había acompaña