El silencio que siguió a la pregunta de Sebastián fue insoportable.
Todos los presentes miraron a Emilio.
Incluso las máquinas que monitoreaban sus signos vitales parecían sonar más fuerte dentro de aquella habitación.
Bip.
Bip.
Bip.
Emilio sostuvo la mirada de Sebastián durante varios segundos.
No apartó los ojos.
No intentó defender a su padre.
No intentó justificar nada.
Porque en el fondo sabía que aquella pregunta llegaría tarde o temprano.
—No lo suficiente —respondió finalmente.
Su voz s