La tarde cayó lentamente sobre la mansión Valeriano, tiñendo las enormes ventanas de tonos dorados y grises. Después de horas de sueño profundo, Esmeralda comenzó a despertar poco a poco, como si emergiera desde el fondo de un océano pesado y oscuro.
Le dolía la cabeza.
La garganta le ardía.
Y su cuerpo entero se sentía extraño… agotado.
Parpadeó varias veces, desorientada, mientras la luz suave que atravesaba las persianas acariciaba la habitación elegante donde se encontraba. El aroma limpio