La habitación quedó en silencio después de las palabras de Emilio. El sonido tenue del viento golpeando las ventanas de la mansión parecía el único testigo del momento. Esmeralda seguía sosteniendo su mano, aferrándose a ella como si fuera el único punto firme dentro del caos que había vivido.
Las lágrimas seguían cayendo lentamente por sus mejillas. No eran lágrimas débiles. Eran lágrimas de rabia, de miedo contenido… y también de alivio.
Porque había estado a segundos de perderlo todo.
Su hon