Javier le ofreció un trozo de manzana. Esmeralda lo aceptó con vacilación; el bocado era crujiente, el sabor fresco y puro. Contrastaba totalmente con la amargura que había sentido hasta entonces. Era como agua en medio del desierto. Vida contenida en un objeto.
La preocupación comenzó a crecer en la mente de Esmeralda. ¿Qué pasaría si Carmen aparecía de repente? O, peor aún, ¿si Alonso irrumpía, aún con el aroma del deseo y del territorio recién reclamado? Todas estas acciones,