Alonso dejó a Esmeralda sola, con lágrimas mezcladas con sangre en su cuerpo. El Lobo se sintió aliviado y orgulloso por haber recuperado su autoridad, dejando a Esmeralda con dos marcas en la piel. La herida del Lobo se sintió entonces realmente ardiente.
Esmeralda seguía en la sala de aislamiento, tumbada de lado en el frío suelo de mármol después de que el Lobo Alonso se marchara con una victoria territorial. La sangre del corte en su cuello y de las heridas de garra en la parte baja de su e