Valentina caminó hacia ellos con los zapatos resbalando en el asfalto mojado y la cara de una mujer que le dijo a su marido «quédate en el coche» y que le da igual porque Valentina Morales no se queda en ningún coche mientras su vida se decide en un puente a las once de la noche.
Camila la vio y todo cambió.
La cara que tenía frente a Camilo, la cara de la niña de diez años que preguntaba si su hermano la quería, desapareció como si alguien le hubiera pasado una esponja. Lo que quedó debajo fue