Camila se movió antes de que Camilo pudiera leerle la intención.
Se zafó de sus manos con un tirón lateral que usó la lluvia como aliada, las muñecas mojadas deslizándose entre los dedos de su hermano como si estuvieran engrasadas, y corrió hacia Valentina con una velocidad que no debería tener una mujer que lleva semanas sin comer y días sin dormir pero que la adrenalina le regaló en una dosis que le duró exactamente tres segundos.
Tres segundos fue todo lo que necesitó.
Valentina la vio venir