Los buzos tardaron cuarenta minutos.
Cuarenta minutos en los que Camilo se quedó agarrado a la baranda del puente Longfellow con las manos que habían sostenido a su hermana y que todavía sentían el fantasma de su piel resbalándose, mirando el agua negra donde los focos de los equipos de rescate cortaban la oscuridad como cuchillos buscando algo que no querían encontrar.
Valentina estaba a su lado. No lo tocaba porque cada vez que intentaba ponerle la mano en el hombro él se apartaba con la rigi