Raúl le trajo la carta al hotel a las nueve de la mañana.
Un sobre blanco, sin sello, sin dirección, con una sola línea escrita en la caligrafía de Camila que Camilo reconoció al instante porque su hermana tenía una letra inconfundible, elegante pero inclinada hacia la derecha como si las palabras tuvieran prisa por llegar al borde del papel.
«Para Mateo. Para cuando seas grande y entiendas.»
Camilo agarró el sobre con las dos manos y se lo quedó mirando en el recibidor de la suite mientras Raú